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La única puerta

Lucas 13:22-30 RV1960

La puerta estrecha

(Mt. 7.13-14,21-23)

22 Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando, y encaminándose a Jerusalén. 23 Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: 24 Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán. 25 Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois. 26 Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. 27 Pero os dirá: Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad. 28 Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos. 29 Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. 30 Y he aquí, hay postreros que serán primeros, y primeros que serán postreros.



La puerta angosta


Imagínense que la vida es como un camino largo en el que hay una bifurcación con dos caminos: uno ancho y cómodo, lleno de cosas que nos gustan, como la diversión, el dinero y los amigos. Pero este camino nos aleja de Dios. El otro camino es estrecho y a veces cuesta seguirlo, pero nos lleva a un lugar seguro y feliz, donde podemos estar cerca de Dios para siempre.


Ese camino es como una puerta estrecha, y solo hay una manera de entrar por ella. 


Se han sentido alguna vez perdidos o confundidos sobre qué camino tomar en la vida? Todos enfrentamos momentos difíciles. 


La puerta estrecha puede parecer difícil de encontrar, en este pasaje Jesús nos habla de esa puerta.


El último viaje.


Aquí nos encontramos a Jesús de camino a Jerusalén, era ya su último viaje antes de su muerte, acontecimiento que Jesús ya viene anunciando varias veces ante sus discípulos. Lc.9:21 y 43


La pregunta.


Y en eso que estaba enseñando por las sinagogas de los pueblos que iba encontrando en su camino, v.22, alguien le hace una pregunta: 


Señor, ¿son pocos los que se salvan? v.23


Algunos seguidores de Jesús ya se estarían dando cuenta que seguirle tenía un costo, que no era tan fácil permanecer perseverantes como discípulos de este maestro tan polémico en ese tiempo, la persecución era cada vez más fuerte y notoria hacia Jesús y ya se comenzaba a extender hacia sus seguidores.


Por lo que esta pregunta no resulta extraña ante ese panorama.


El Salvador del Mundo.


Esta persona pregunta sobre la salvación, ¿a qué se refería exactamente?


Jesús vino a salvarnos de la condenación de estar separados eternamente de Dios. Jn.5:24


Actualmente estamos familiarizados con la frase “Jesucristo el Salvador del mundo”, 1Jn.4:14, porque es algo bastante conocido por todos en nuestra sociedad llamada “cristiana”.


Se nos hace algo muy generalizado y extensivo, y si bien es cierto que Jesús vino para salvar al mundo, el aceptar esa salvación es una decisión personal. Rom.10:8-9


En mi adolescencia yo conocía esa afirmación: “Jesucristo Salvador del mundo” por oírla por ahí, porque ni siquiera leía la Biblia, pero hasta que esa realidad no se hizo personal y a los 15 años puesto de rodillas en mi habitación le entregué mi vida a Jesús en oración, y realmente Él fué mi Salvador personal, no hubo ningún cambio en mi vida.


La salvación no es solo creer en Dios, sino tener una relación personal con Él.


¿Esta salvación ha cobrado sentido personal para ti?


La pregunta de esta persona es de carácter generalizada, pregunta si van a haber pocos salvados, pero Jesús la personaliza.


La respuesta de Jesús.


Ante lo que dice Jesús, luego de esa pregunta, nos damos cuenta claramente que indirectamente le está respondiendo: 


¡Asegúrate de que tú eres salvo!


La puerta ancha y la puerta estrecha.


Jesús le contesta que luche por entrar por la puerta estrecha, porque muchos querrán entrar pero no podrán. v.24


Dice:

Mateo 7:13-14

13 Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; 14 porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.


La puerta ancha simboliza el camino fácil y cómodo que el mundo nos ofrece, un camino que promete gratificación instantánea pero que, en última instancia, conduce a la perdición. Este camino está lleno de tentaciones y distracciones que nos alejan de Dios. Por el contrario, la puerta estrecha representa el camino del discipulado, un camino que requiere sacrificio, perseverancia y fe.


Los judíos se creen con derecho de entrar al Reino de los Cielos por la puerta ancha sin esfuerzo por causa de su nacionalidad. Tienen el gran privilegio de ser los primeros, se creen muy importantes para Dios por ser el Pueblo Escogido, pero Jesús les está diciendo claramente que eso no les permitirá entrar en el Reino de Dios, y que gente de todo el mundo tendrá acceso a entrar, entre los cuales estamos nosotros, y que si ellos no entran por la puerta angosta que conlleva el esfuerzo de la rendición a Cristo y de pagar el costo de seguirle, luego será tarde para ellos. v.25-30


Por otro lado tenemos también a los que se creen con derecho a entrar por la puerta ancha como son los religiosos de cualquier tipo por su fiel cumplimiento a las normas de su religión, a los nacidos en el mundo occidental por su cultura “cristiana”, a los que son de una determinada denominación por pertenecer a la misma, (ya sean católicos, protestantes, evangélicos, coptos, ortodoxos, etc.), a los de familia de creyentes por haber nacido en un hogar cristiano, a los que son “buenas personas” y hacen obras buenas por su merecimiento…todos quieren entrar por esta puerta ancha y espaciosa pero no pueden porque hay una sola puerta y ésta es muy angosta. v.24


La única puerta.


La única puerta que nos permite entrar al Reino de Dios es Jesucristo.


Juan 10:9

9 Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo;


Jesucristo es la puerta, lo deja muy claro, no hay otra, y solo hay una manera de pasar por esa puerta: es rindiendo nuestra vida delante de Él para que nos sumerja en Su Espíritu y comience el proceso de transformación en nosotros hasta que estemos con Él en su presencia, y que luego perseveremos en Él. Ef.1:13


La salvación es por gracia.


Es totalmente cierto e importante recalcar que la salvación no depende de nuestro esfuerzo ni de nuestras obras, la salvación es pura y totalmente por gracia:


Efesios 2:8

8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;


Jesucristo pagó el precio por nuestros pecados y por eso tenemos el derecho a entrar por la Puerta, pero no se trata de pasar y ya, pasar por esa puerta conlleva un esfuerzo de perseverancia y santidad de vida, por eso Jesús nos dice que nos esforcemos por entrar por esa puerta. 2Jn.1:9, 1 Cor.16:13


Tal vez hoy tú crees que por ser buena persona, que por haber nacido en un hogar cristiano, o incluso en un país “cristiano” tienes derecho a entrar en el Reino de Dios, debes saber que como dijo Jesús, nada de eso te da el derecho a entrar, solo convertirte a Cristo te permite entrar por la Puerta que es Jesucristo. 


Arrepentimiento.


Vemos al principio de este capítulo que Jesús deja claro la importancia del arrepentimiento, (metanoia: cambio de mente), para no perecer espiritualmente. Lc.13:1-5


13 En este mismo tiempo estaban allí algunos que le contaban acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos. 2 Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos? 3 Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. 4 O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén? 5 Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.


Los judíos relacionaban la muerte que no fuera por vejez o la enfermedad, con el pecado, pero aquí Jesús deja claro que esto no es así, y que todos morimos en algún momento, pero los que no se arrepienten, esto es los que no cambian su forma de pensar y se vuelven a Dios, perecerán, espiritualmente hablando.


Para esto tenemos que entrar por la Puerta estrecha que es Jesucristo dispuestos a pagar el precio que conlleva ser sus discípulos, que es vivir en santidad perseverando en Cristo hasta el fin.


Algo alentador!


Hay algo muy alentador y positivo, y es que aunque tenemos que esforzarnos por entrar por la puerta estrecha, porque seguir a Cristo requiere esfuerzo y perseverancia debido a que las circunstancias no son favorables para sus discípulos, en este proceso aunque el camino sea estrecho, no estamos solos. 


Jesucristo mismo nos acompaña, Jn.16:33, nos fortalece, Ef.6:10, capacita, Jn.14:26, y nos da poder a través del Espíritu Santo, Hech.1:8


Y además formamos parte de una comunidad que es como un cuerpo, Rom.12:5, como un edificio, 1Cor.3:9, una verdadera familia unida por un mismo Espíritu, Ef.2:19, en la que nos sostenemos los unos a los otros en este trayecto hasta el fin, Gal.6:2.


No olvides esto: somos una comunidad rescatada para servirnos unos a otros! Gal.5:13


CONCLUSIÓN:


Seguir a Cristo no es fácil, la puerta es angosta y estrecha, pero la puerta está abierta para que vengamos a rendir nuestra vida a Cristo.


Hoy Jesucristo te dice: Yo soy la puerta y te invita a entrar.


Él nos acompaña hasta el fin, y la comunidad de los salvados está puesta por Cristo para acompañarnos los unos a los otros en este proceso. ¡No estás solo!


¿Ya has entrado por la puerta angosta? 


Entra hoy mismo y serás salvo. Ora a Dios y entrégale tu vida.



 
 
 

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