La Alegría de Dios al Encontrarnos
- Iglesia de la Concordia

- 31 jul
- 8 min de lectura
Lucas 15:1-32 RV1960
Parábola de la oveja perdida
(Mt. 18.10-14)
15 Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, 2 y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come.
3 Entonces él les refirió esta parábola, diciendo: 4 ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? 5 Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; 6 y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. 7 Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.
Parábola de la moneda perdida
8 ¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla? 9 Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido. 10 Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.
Parábola del hijo pródigo
11 También dijo: Un hombre tenía dos hijos; 12 y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. 13 No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. 14 Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. 15 Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. 16 Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. 17 Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! 18 Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. 19 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. 20 Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. 21 Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. 22 Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. 23 Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; 24 porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.
25 Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas; 26 y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. 27 Él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano. 28 Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. 29 Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. 30 Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo. 31 Él entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. 32 Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.
Un tríptico muy especial
Te invito a usar tu imaginación. Piensa en un tríptico.
¿Qué es un tríptico? Los trípticos se usaban desde tiempos remotos en el arte medieval, ya sea a través de un cuadro, un folleto, o actualmente a través de una imagen en el ordenador, nos cuentan una historia dividida en tres partes.
Así como un tríptico en el arte medieval nos cuenta una historia central, las parábolas en Lucas 15 nos narran la historia del amor redentor de Dios manifestado en la venida de Cristo al mundo.
Lucas 15 es un tríptico, conocido por las parábolas del hijo pródigo, la oveja perdida y la moneda perdida, y tiene una conexión profunda con el mensaje central de la encarnación: Dios se hizo hombre en Jesucristo para reconciliar a la humanidad con Él.
Este tríptico nos muestra:
El amor redentor de Dios,
la alegría por el retorno de los perdidos,
y el propósito de Jesús como Salvador que vino a buscar y salvar lo que se había perdido.
¿Alguna vez perdiste algo valioso? ¿Recuerdas la alegría al encontrarlo?
Dios busca a los perdidos con amor y celebra su retorno. La venida de Jesús al mundo es el inicio de esa búsqueda activa — Él dejó el cielo para hacerse un humilde niño en ese pesebre de Belén, y luego creció y completó su misión para salvarnos.
Vamos a mirar cada escena de este tríptico en tres puntos:
Punto 1: La venida de Cristo es Dios buscándonos (La oveja perdida — Lucas 15:4–7)
Punto 2: La venida de Cristo revela el valor de cada persona (La moneda perdida — Lucas 15:8–10)
Punto 3: La venida de Cristo trae reconciliación y restauración (El hijo pródigo — Lucas 15:11–32)
Punto 1: La venida de Cristo es Dios buscándonos
(La oveja perdida — Lucas 15:4–7)
En este párrafo podemos encontrar una relación del acto del pastor que deja las 99 ovejas para buscar la perdida con el sacrificio de Jesús al dejar el cielo por nosotros.
Jesús es el Buen Pastor que da su vida por las ovejas (Juan 10:11), y Él conoce a sus ovejas y ellas le conocen a Él (Juan 10:14).
Los seres humanos nos alejamos de Dios. Cada uno de nosotros somos esa oveja perdida, aunque algunos, como creían los judíos que criticaban a Jesús, piensan que son de las 99 que no necesitan el perdón de Dios, se creen autosuficientes.
En su pensamiento y creencia no había lugar para la misericordia. La oveja que se apartaba era merecedora de castigo, se le quebraba la pata para que no se alejara. Pero el pastor que amaba a sus ovejas se sacrificaba para volverla al redil con alegría.
La oveja se apartó por tonta. Las ovejas no piensan, se dejan llevar; se alejó del cuidado del pastor buscando nuevos pastos y nuevas aventuras, siendo esto su perdición. Pero el buen pastor, por su propia voluntad, emprendió su búsqueda hasta encontrarla y llevarla sobre sus hombros hasta un lugar seguro — no porque la oveja lo buscara o lo pidiera, sino porque el pastor quiso rescatarla por el amor que le tenía.
La venida de Jesús al mundo marca el momento en que Él vino para iniciar esta búsqueda. Y cuando las ovejas son llamadas, oyen su voz y son rescatadas.
Quizás hoy te sientes perdido, como esa oveja. Jesús vino a buscarte, no porque lo merezcas, sino porque te ama. Así como el pastor, Jesús no se rinde hasta encontrarnos. Su nacimiento fue un acto de amor incondicional para traernos esperanza a nosotros que estábamos perdidos.
Punto 2: La venida de Cristo revela el valor de cada persona
(La moneda perdida — Lucas 15:8–10)
En este párrafo encontramos relacionados la búsqueda de la moneda con el hecho de que cada ser humano tiene un valor inmenso ante Dios, tanto que envió a Su Hijo (Juan 3:16).
En esta parábola Jesús menciona a una mujer que pierde una moneda de otras nueve. Esa moneda equivalía al salario de un día, era muy valiosa. Pero se supone que el verdadero valor era más que material, ya que en aquellas épocas las mujeres casadas acostumbraban llevar un collar con monedas, algo equivalente a un anillo de bodas. De ahí suponemos que el afán de la mujer por encontrar esa moneda faltante estaba en el alto aprecio que le tenía.
Para Jesús somos tan valiosos que nos busca por medio de la obra del Espíritu Santo en nuestros corazones para que recibamos Su perdón.
La moneda se perdió por las circunstancias, no fue su culpa, podríamos decir por accidente. Aun en las circunstancias más adversas que hacen que nos alejemos de Él, Dios actúa para buscarnos.
La venida de Cristo al mundo celebra que Dios no se olvidó de la humanidad, sino que nos ve como joyas preciosas dignas de ser rescatadas. Nos recuerda cuánto valemos para Dios: Él dio a Su único Hijo por nosotros.
No importa cómo te veas o te sientas; ante Dios, eres una joya invaluable que merece ser encontrada.
Punto 3: La venida de Cristo trae reconciliación y restauración
(El hijo pródigo — Lucas 15:11–32)
En este párrafo se puede relacionar que el nacimiento de Jesús es la invitación del Padre a volver a casa, como el hijo pródigo.
Esta parábola se ha titulado muy posteriormente a ser escrita: "el hijo pródigo". Según mi opinión y la de otros autores, no es un título acertado, ya que el hijo que derrochó su herencia no es el protagonista, ni el hecho de desperdiciar y malgastar su dinero — a esto se refiere la palabra "pródigo" — tampoco es el tema central.
El protagonista es el padre amoroso, que nos ilustra cómo es Dios. Y hay dos hijos que representan a los que somos salvados: uno que se aparta a sabiendas, a propósito, buscando el placer y la autosatisfacción, pero que luego regresa; y otro que aparentemente es fiel, pero que basa su relación con el padre en el hacer, en la religión y en el legalismo, más que en el amor y la misericordia. Por lo tanto, este último también tenía que restablecer su relación con su padre sobre las bases correctas, dependiendo exclusivamente de la gracia y el amor del padre.
En la venida de Cristo al mundo celebramos la reconciliación entre Dios y los hombres, porque Cristo vino para restaurar nuestra relación rota con el Padre. En primer lugar dándonos su salvación sin reprocharnos nada, solo por Su gracia a través de la muerte y resurrección de Jesús; y cuando ya somos salvos, recibiéndonos y perdonándonos cuando volvemos a Él.
Al igual que el hijo apartado fue recibido con gozo, la venida de Cristo es un llamado a regresar al Padre y experimentar Su abrazo lleno de gracia. Y de esa misma manera recapacitar, como lo hizo el otro hijo, que pudo reconsiderar su relación con su padre desde el amor y no desde las buenas obras.
Quizás hoy, como el hijo pródigo, necesitas volver al Padre. La venida de Cristo al mundo es el recordatorio de que Él está esperándote con brazos abiertos. ¡Ven hoy delante de Él y recibe Su abrazo amoroso!
CONCLUSIÓN
La venida de Cristo es una fiesta de alegría.
Al igual que en Lucas 15, donde el hallazgo del perdido es motivo de fiesta, la venida de Cristo al mundo es la celebración del cumplimiento de la promesa de salvación (Lucas 15:7, 10, 22–24).
Celebra la venida de Cristo, lo que llamamos Navidad, no solo como un evento histórico, sino como el recordatorio de que tú fuiste buscado, hallado y restaurado.
Y si te encuentras lejos de Dios hoy, como en Lucas 15, el Padre está buscando tu regreso. La venida de Cristo es tu oportunidad de aceptar Su amor y volver a casa.
Hoy, el Padre celestial te llama a regresar. ¿Aceptarás Su invitación?
La venida de Cristo no es solo una historia; es tu oportunidad de ser encontrado, reconciliado y amado por Dios.





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