¿CUÁNTO AMO?
- Iglesia de la Concordia

- 21 nov 2025
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TEXTO: Lucas 7:36-50 RV1960
36 Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa. 37 Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; 38 y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume. 39 Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora. 40 Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro. 41 Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; 42 y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más? 43 Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado. 44 Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas esta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. 45 No me diste beso; mas esta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. 46 No ungiste mi cabeza con aceite; mas esta ha ungido con perfume mis pies. 47 Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama. 48 Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados. 49 Y los que estaban juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es este, que también perdona pecados? 50 Pero él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.
INTRODUCCIÓN:
Este es un acontecimiento narrado por Lucas, en el que tenemos tres protagonistas: Jesús, Simón el fariseo, y una mujer pecadora.
No se menciona por qué se considera pecadora a la mujer. Por el contexto socio cultural de la época podemos inferir que sería adúltera o prostituta, pero no podemos afirmarlo, solo sabemos que era considerada pecadora por los fariseos, en contraste ellos se consideraban personas apartadas del pecado, de hecho el término “fariseo” significa separado.
Invitación a comer
Jesús recibe una invitación a comer, de un fariseo llamado Simón, y decide aceptarla. Nos damos cuenta aquí que Jesús no hace acepción de personas, con todos se relacionaba como podemos ver a lo largo de los evangelios, sin importar status social, ni sexo, ni aún ideologías, incluso nacionalidad. En este caso se sienta a la mesa de una autoridad religiosa de la época, con una ideología como veremos a continuación no compartida.
¿Quiénes eran los fariseos?
Probablemente lo primero que se nos viene a la mente, es que eran religiosos muy malos que odiaban a Jesús. ¿Es esto realmente así? Realmente eran personas que buscaban agradar a Dios, y su doctrina en general comparte los principios de la doctrina cristiana, como la eternidad del alma, la creencia en la resurrección, la ética de vivir vidas dentro de una moral, la esperanza en un Mesías, y otras, pero dejando de lado la gracia. No todos se llevaban tan mal con Jesús, aunque la mayoría sí, pero algunos no estuvieron en su contra como Nicodemo, o José de Arimatea.
Orígen
Los fariseos fueron un grupo o movimiento socio-religioso-político judío que surgió durante el siglo II a.C. en la Tierra de Israel, durante el período del Segundo Templo de Jerusalén. A partir del fariseísmo se configuró el judaísmo postbíblico rabínico.
Características
Veamos las características de los fariseos:
1. Observancia estricta de la Ley: Los fariseos se caracterizaban por su rigurosa adherencia a la Ley de Moisés, incluyendo tanto la Torá escrita como la tradición oral (Mishná). Interpretaban la Ley de manera minuciosa y extensa, aplicando reglas y normas detalladas a todos los aspectos de la vida cotidiana. Enfatizaban la importancia de la pureza ritual y la separación de lo santo de lo profano.
2. Énfasis en la tradición oral: Además de la Torá, los fariseos daban gran importancia a la tradición oral, conocida como Mishná. Consideraban que esta tradición, transmitida de generación en generación, era esencial para comprender y aplicar correctamente la Ley escrita. La Mishná incluía interpretaciones rabínicas, preceptos y normas que complementaban la Torá.
3. Separación del pueblo: Los fariseos se consideraban a sí mismos como un grupo separado del resto del pueblo judío, debido a su estricto seguimiento de la Ley y la tradición oral. Mantenían una actitud crítica hacia aquellos que no compartían su interpretación de la religiosidad. Esta separación podía generar tensión y resentimiento entre los fariseos y la población general.
4. Búsqueda de la piedad personal: Los fariseos aspiraban a alcanzar una vida santa y piadosa a través del cumplimiento estricto de la Ley. Practicaban ayunos, oraciones y otras devociones con frecuencia. Ponían énfasis en la importancia de la intención y la pureza del corazón al realizar acciones religiosas.
5. Actitud crítica hacia Jesús: Los evangelios del Nuevo Testamento presentan a Jesús teniendo a menudo desacuerdos con los fariseos. Jesús criticaba su hipocresía, legalismo y excesivo enfoque en las apariencias. Él defendía una religiosidad más centrada en el amor, la misericordia y la justicia.
Por todas estas características, se creían merecedores del favor de Dios, y basaban la aceptación de Dios y el perdón de sus pecados como una recompensa por sus buenas obras y su esfuerzo por agradarle.
¿Por qué Simón invitó a Jesús?
Claramente, por el texto nos damos cuenta que Simón invitó a Jesús a comer a su casa, pero desde una actitud de superioridad, no desde la humildad; como alguien que invita a una persona popular de moda en ese momento. Por eso Simón omitió todos los detalles de cortesía de la época, que correspondía dar a un invitado, como recibirle con un beso, echarle agua en los pies para lavarlos del polvoriento camino y aceite perfumado para refrescar su cabeza antes de sentarse a comer. Seguramente Simón quería conocer un poco más de primera mano a aquel del que tanto se hablaba en ese momento, y que movilizaba masas de seguidores, y aunque lo considera un Maestro (Rabí) como lo dice en el v.40, tal vez podría ser un título que le daba solo para quedar bien, así mismo vemos que también quería comprobar si Jesús realmente era un profeta, por la duda que manifiesta en el v.39 De todas formas Simón se abre a la posibilidad de conocer a Jesús más de cerca, en un principio podríamos decir que al ser fariseo es una persona que busca agradar a Dios, y como todos los fariseos le da gran importancia a la búsqueda de la piedad personal: Aspiraban a alcanzar una vida santa y piadosa a través del cumplimiento estricto de la Ley, y seguramente quería saber qué decía Jesús sobre esto.
Dueños de la verdad
Los fariseos no eran gente malvada que buscaba el mal, al contrario, buscaban agradar a Dios, pero de la manera equivocada, trataban de hacerlo desde su conocimiento y su esfuerzo personal, cumpliendo leyes y rituales, eran estrictos, legalistas, y carentes de toda gracia, muchas veces hipócritas. El problema es que juzgaban y condenaban a los que no pensaban como ellos creyéndose los dueños de la verdad.
Fariseos en la actualidad
Aunque en la actualidad ya no está el fariseísmo como movimiento, la filosofía persiste en algunas ramas del judaísmo y es la base del sistema rabínico actual, e incluso su "forma de pensar" perdura entre algunos grupos denominados cristianos, y podemos encontrarla también fuertemente expresada especialmente entre algunos cristianos evangélicos.
Autoexamen
Cabe autoexaminarnos atentamente cada uno para darnos cuenta si estamos atrapados en la trampa del fariseísmo, porque cuando anteponemos las formas, las costumbres denominacionales, algún texto descontextualizado aplicado a la vida de otro para condenarlo, cuando juzgamos a un hermano sin misericordia, cuando la ley se antepone al amor, cuando la gracia es dejada de lado, cuando llegamos a creernos mejor que otros, cuando tratamos de ganarnos la salvación cumpliendo preceptos y tradiciones religiosas, estamos actuando como los fariseos, y sabemos que esto no agrada al Señor porque precisamente por esta causa los confrontaba duramente.
La mujer pecadora
Hemos hablado de Simón el fariseo, y por otro lado en el relato se nos habla de la mujer pecadora, de la cual no se nos dice su nombre. v.37 Es normal que solo al escuchar “mujer pecadora”, nuestra actitud hacia ella sea la de no identificarnos para nada con ella, una actitud natural que se parece mucho a la de los fariseos, pero que, por supuesto, jamás admitiremos nuestra identificación con ellos tampoco. Esta mujer despectivamente llamada pecadora, se acercó a Jesús con una actitud humilde, reconociendo su autoridad demostrada por sus actos ante Él, y manifestando su necesidad de perdón, aunque no se nos relata mediación de palabra hablada entre ella y Jesús, Él conocía su corazón, no necesitaba que ella hable para saber lo que necesitaba. Así como tampoco necesitó que Simón le dijera audiblemente lo que pensaba en ese momento, porque Él conoce hasta nuestros pensamientos más profundos. v.39 A esa mujer le dice: tus pecados te son perdonados. v.48 Eso era lo que esa mujer necesitaba, y Jesús se lo da, sin que ella tuviera que hacer todas las buenas obras que exigían los fariseos para conseguirlo.
Reconocer nuestra necesidad
Simón reconocía a Jesús como un Rabí, un Maestro, v.40, y como fariseo se sentía autosuficiente para agradar a Dios, por lo que no se sentía necesitado de nada. Pero esta mujer se humilló delante de Jesús reconociéndolo como Señor y Salvador, sentía necesidad del perdón y amor de Dios y vino a postrarse ante el único que podía perdonarla por sus pecados. Ella recibió el perdón del Salvador (Jesús significa Dios salva) Lc.1:31, y Simón recibió una lección del gran Rabí (Maestro) Mt.23:10
La Parábola
Esta lección fue dada a través de una Parábola. Jesús no riñó a Simón por sus pensamientos, ni siquiera lo juzgó, le contó una historia y le hizo meditar en ella para que él mismo sacara un aprendizaje de esa experiencia en esa comida con Jesús y la visita de esta mujer “pecadora” Le dijo: 41 Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; 42 y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más? 43 Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado. Aquellos que como el fariseo se sienten limpios delante de Dios por sus propias obras aman poco a Dios porque no se dan cuenta de su gran necesidad, en cambio aquellos que reconocen la inmensa e inmerecida gracia de Jesucristo se llenan de amor por el Señor. Simón ni siquiera aplicó las normas de cortesía de la época con Jesús, y esa mujer demostró su amor por el agradecimiento inmenso de recibir la gracia de Cristo en su vida de una manera intensa y profunda. v.44-47
CONCLUSIÓN:
¿Con quién te identificas?
¿Con Simón que creía que su propio esfuerzo era suficiente para agradar a Dios?
¿Con la mujer, que reconoció su necesidad y se postró ante Cristo para pedir el perdón de sus pecados?
Examínate hoy, medita en la parábola que Jesús le contó a Simón el fariseo, y considera cuánto amas a Dios?!





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